En el insilio la otra cara del exilio
los ciudadanos se quedan, cada quien construye su propio muro.
Un encierro psicológico o estado de enajenación se experimenta.
Una suerte de extranjería en tu propia tierra.
No tendrás el privilegio de trabajar, comer, o dormir.
Tu único amigo el tiempo, a la vez tu enemigo más feroz.
Entre el miedo y la ansiedad soñaras la esperanza de un futuro mejor.
Esperanza, una hermana pobre de la fe.
El tiempo te mostrará las arrugas de la muerte, el destino más seguro.
El insilio es más que ostracismo, en el insilio las libertades individuales se pierden.
Reducido a sobrevivir al siguiente día, sobrevivir al hambre y a la indiferencia.
NO HAY es la prisión y el destierro.
Para ese entonces, te sentirás tragado como los hijos de Saturno.
¡Ni un solo perro veo en la calle!
¡Un niño solo veo en la calle!
Si el exilio es nostalgia, el insilio es silencio, mudez, aguante y rabia contenida, todo muy bien guardado en el túnel insonoro de una sociedad escindida.