Ingreso a la casa oscura, un ameno y progresivo a lo siniestro de la afilada veladura, imágenes terribles, insólitas y sorpresivas me distraen.
Los ojos duros y abiertos del animal me producen nauseas.
Actúo para no ser vista como sirviente, sino como un plato que espera a un desconocido.
Automatismo y reiteraciones me conmueven, el olor a humedad y las luces dispersas se trenzan en mis pestañas.
Buscando el amor encontré la traición y la muerte. La envidia su miel; la inseguridad, su motor.
Corre como sombra gris en cuanto asome la sonrisa un Mosquita muerta.
Siempre alerta, siempre en la marca de salida; ahogada en mis amoldables tácticas, tratando de librarme de una imagen de mi misma.
Kiari Bastardo.
Los ojos duros y abiertos del animal me producen nauseas.
Actúo para no ser vista como sirviente, sino como un plato que espera a un desconocido.
Automatismo y reiteraciones me conmueven, el olor a humedad y las luces dispersas se trenzan en mis pestañas.
Buscando el amor encontré la traición y la muerte. La envidia su miel; la inseguridad, su motor.
Corre como sombra gris en cuanto asome la sonrisa un Mosquita muerta.
Siempre alerta, siempre en la marca de salida; ahogada en mis amoldables tácticas, tratando de librarme de una imagen de mi misma.
Kiari Bastardo.